
La tensión entre los dos parecía un volcán a punto de hacer erupción, las palabras ya no existían, todo era gestos mas la cordura había perecido. Antes de esto sus últimas palabras fueron las peores –no vuelvas a hablarme como si todavía te importara– nunca creí escuchar esas palabras, fue algo aterrador oír al amor de tu vida creer que ya no le querías, un infierno que no daría a nadie. Me fui hacia la cocina y prepare un café lo más cargado que pude. Lograr cambiar las cosas ya no sería fácil, continuaba a la idea de que le era infiel, que tenía algún tipo de romance con otra mujer. No alcanzaba a ver después de su nariz, que no existía nadie, que todo mi tiempo lo ocupaba en innovar cosas que la hicieran sentir más enamorada de mí, en confeccionar un plan de vida distinto al resto de las personas, un plan que nos dejara amarnos por toda la eternidad. Me sentía sombrío, era como si una nube espesa, cargada de malas vibras estuviera flotando encima de mí, como si el mundo fuese a terminar en aquel momento. Entonces lo sentí, aquel vacio en mi pecho del cual nunca podre olvidar, sentí como si me estuvieran arrancando las entrañas, como si la vida se me fuera del cuerpo. Mi corazón comenzó a latir de una forma inexplicable, a tal velocidad y con tal fuerza que presentía que saltaría de su lugar hacia la alfombra. En un segundo creí verme en el piso llorando como un bobo, con tal magnitud que mis gritos podrían haber quebrajado los cristales, pero no. Estaba allí. En el sofá de la sala de estar, meditando la forma de hacerle comprender que no pasaba nada, y cuando por fin tuve el valor de dignarme a subir a la habitación y hacerle entender, la vi. Estaba boca abajo en la cama, rendida como si se hubiera dormido. Pero no, la orilla de la cama estaba de un color abrumador, de una manera que el llanto que pude predecir comienza a aflorar. Se suicido. Se quito la vida. Dejándome solo, culpándome de no haberle dicho en el momento que todo era causa de su imaginación, de sus celos enfermizos, de su continua locura en creer que podría dejar de apreciarla. Quise saltar por la ventana, pero cometer lo mismo que ella no sería lo correcto, quedaría mucho peor. La tome y acomode en la cama, puse la sabana hasta su cuello, como si estuviera durmiendo, fui hacia el baño, me asee y luego fui y me dormí con ella en el sueño eterno de la vida. Donde nadie podría separarnos nunca, ni los celos, ni peleas, ni nadie… nadie.